Titulamos así para hacer la comparación pertinente y darnos cuenta de que es lo que hace parte de la historia oficial entre el libro Satanás y la información que nos brinda la revista semana y también definir que hace parte de la ficción de Mario Mendoza.
La masacre: en esta parte tanto el libro como la revista semana están meramente de acuerdo con la información que nos brindan solo hay que tener en cuenta que en el documental de Semana la narración empieza desde que ya ha dado de baja a la mamá (en ese capitulo)
49.896,93 pesos; la información que brinda la revista semana y la que nos cuenta la historia en el libro de Satanás en esta parte del reportaje solo varia en unos pequeños detalles: Según el reportaje de Semana Campo Elías habría comprado proyectiles para un revolver calibre 32 Largo y en la historia del Libro Satanás dice que el soldado portaba un revolver calibre 38 corto, ahora nos damos cuenta que el libro y la revista están en desacuerdo con esta parte de la información, es en este momento donde asumimos que empieza la ficción de Mario Mendoza frente a las acciones que sucedieron, asumimos como habitantes de esta sociedad colombiana y consultando con personas que tengan mas o menos idea de armas nos damos cuenta de que el autor pudo usar un calibre diferente como lo es el 38 corto por que es mas conocido en el mercado y en la sociedad colombiana en comparación al 32 largo, de hecho es el mas común en el porte aquí en la sociedad colombiana, entonces el autor pensó en un arma que cualquier persona de cualquier edad pudiera distinguir y no se confundiera, entonces eligió el calibre 38 corto el cual es uno de los mas conocidos y de los mas usuales que se ven aquí en la sociedad colombiana. Ahora después de esto viene la escena de la cll 118 con cr 40 en donde Campo Elías va a visitar una mujer; mujer que según el libro se llama Matilde pero que según el documental de Semana se llama Nora Becerra y a este ultimo es al que le creemos pues nos damos cuenta que sigue la ficción del autor y sustentamos el inclinarnos hacia el nombre de Nora Becerra y no al de Matilde por que en el mismo comienzo del libro dice “... tanto los personajes como la trama pertenecen exclusivamente al territorio de la ficción...” de allí que sacamos de que el empieza a cambiar todos los nombre de los personajes si los comparamos con los verdaderos que confiamos sean los que publica la revista semana; ahora en las dos historias aparece de que la señora a la que va a visitar tiene una hija la cual es alumna de clases de ingles del soldado, esta niña en el libro se llama Maribel y en el reportaje de semana se llama Claudia, de los mismos argumentos nos valemos para decir que Maribel es el resultado de la imaginación de Mendoza y que la verdadera niña respondía al nombre de Claudia. De ahí para allá no se sabe nada según el documento de la revista semana, lo único que coincide es el numero de puñaladas de las dos mujeres y el estado en el que las encontró el hijo al otro día cuando abrió el apartamento, son totalmente iguales entre el documento y el libro.
ahora entre la escena del apartamento de la 118 y la del apartamento de la mamá hay otra escena que es la de la universidad, dicha escena la describe el libro en un corto pedazo pero el documento no dice absolutamente nada de lo que fue la visita a la universidad entre estas dos escenas.
En la escena del edificio donde residía la mamá no hay ningún cambio por que todo coincide perfectamente, solo que en documento de Semana dicen los nombres de la victimas de el soldado en cambio en el libro no , tan solo una persona que era la administradora del edificio y que el soldado no se la llevaba bien con ella y según el libro se llamaba Beatriz y lo que dice el documento de la revista semana es que la señora respondía al nombre de Gloria Agudelo; de resto todo es igual pero en el documental hablan de una señora que escapo del 101 y que vivía con las tres victimas de ese apartamento y en el libro no habla nada acerca de ese detalle.
En el barrio Sears como ya lo pudimos comprobar el autor vuelve a cambiarle el nombre a los protagonistas de esta escena esta vez cambia el Clemencia de Castro por Carmen y aparte de eso la única diferencia también entre el documento y el libro es que en el documento hablan de que el soldado estuvo hablando unos minutos con el hijo de doña Clemencia Andrés de 12 años de edad y le dio unos consejos antes de irse, cosa que dentro del libro no nombran para nada y simplemente dice que le mando saludes al marido de la mujer (Clemencia-“Carmen”)
la escena de Pozzeto es la que mas cambia empezando por que supuestamente el soldado después de que había comido los spaguettis y bebido el vino pidió un flan de caramelo y una coca cola, cosa que dentro del documental de semana no aparece (simplemente lo dejamos como incógnita y lo confirmaremos con mas fuentes de información), después con los destornilladores todo vuelve a coincidir en la historia; según el libro el asesino entra al baño para alistar su armamento, cosa que en el documento no está, simplemente en el documento dicen que el hombre cada poco iba al baño pero nunca se supo por que o para que con verdadera argumentación, en la parte en que dicen que el deja el cuchillo libre para su uso fácil, se vuelve a generar otra pregunta pues en el documental no hablan de cuchillos, simplemente se nombran las cuchilladas que les pego a las mujeres en la 118, pero en Pozzeto según la revista semana no se volvía a hablar de cuchillos (esta también es información que se confirmara con el uso de mas fuentes de información). Según el libro el hombre dispara sin dejar salir a ninguna persona y sin mencionar ninguna palabra excepto “bienvenidos al infierno”; en cambio en el documental por medio de los testimonio nos damos cuenta de que el hombre amenazaba con que eso era un asalto y pedía efectivo aparte de eso en el documento de Semana nos damos cuenta que mas de uno pudo escapar de su cita con la muerte; ahora según el libro el solo se tomo un destornillador, pero según el documento de la revista semana el hombre se tomo cuatro vodkas. Ahora en el libro se dice que el entro en una serie de locura y se le pasaron por la cabeza una serie de imágenes locas que lo hacían delirar; en cambio en el documental dice que el simplemente y tranquilamente pasaba por las personas pidiéndoles el efectivo y matándolas instantáneamente con un tiro en la cabeza; Ahora en el libro dice que el cogió de la sangre de un cuerpo de un cura que había matado en el acto y que en el suelo escribió “yo soy legión”; en cambio EN LA VIDA REAL Y POR FUENTE MISMA DE INFORMACIÓN, MARIO MENDOZA nos dijo que el había dicho estas palabras cuando estaba agonizando antes de morir; Ahora en el libro dice que el con un ritual ceremonioso se vuela la cabeza, en cambio en el otro documento hay los dos testimonios, el que el se suicido y el que un agente de las policía le dio de baja...
de allí que la obra si tiene muchísima ficción y que aparte de eso por las contradicciones que se presentan en los testimonios de los testigos y sobrevivientes nos damos cuenta que hay preguntas que no se resuelven totalmente y que este trabajo puede dejar de ser un trabajo que explique la situación a un trabajo que simplemente estudie los distintos testimonios y le de la razón a algún testimonio bajo alguna argumentación como le hemos venido haciendo hasta ahora.
Nos damos ahora cuenta que ni la prensa en este momento tenia claridad de el asunto y que por el contrario estaba totalmente confundida de allí que no nos responsabilizamos a emitir juicios falsos por mala información o a publicar en este trabajo información totalmente falsa.
ANEXO ARTICULOS EDICIÓN 240 ABRIL (1983)fecha error
La masacreUn hombre canoso y con el pelo muy corto, 1,74 de estatura, ni muy grueso ni muy delgado, vestido de gris claro, con la camisa abierta y un maletín negro de ejecutivo en la mano derecha, salió a las 5:30 pasadas del edificio de la carrera 7 N° 52-27. El tránsito por la carrera séptima era intenso, como cualquier otro día de la semana a esa misma hora.No había ningún motivo especial para detenerse a mirar a este hombre. Ni siquiera por el hecho de que antes de emprender su camino, hubiera parado unos instantes frente al muro de un solar vecino, sobre el cual estaban colocados varios carteles anunciando el último montaje del Teatro El local: Bodas de sangre.Minutos después, el hombre dobló la esquina de la 53 y se dirigió hacia el occidente, siempre caminando.
ABRIL 1983 EDICION 240
Amante de la novela Dr. Jekyll and Mr. Hyde, no bebía ni fumaba. Se jactaba de ser buen tirador de pistola. Después de la ducha se secaba el cuerpo con papel higiénico. Odiaba a los iraníes. No votaba en las elecciones. Usaba el pelo a ras. Había sido combatiente en Vietnam. Era Campo Elías Delgado, el responsable de la mayor matanza de su género en Colombia a quien, en una notable investigación, SEMANA le reconstruyó paso a paso sus dos últimas jornadas. Gracias a este reportaje por primera vez se pudo conectar el crimen de la calle 118 con la matanza de Pozzeto…
A esa hora la jornada de la mayoría de los bogotanos estaba terminando. Para Campo Elías Delgado, 52 años, apenas se trataba del intermedio. Era difícil adivinar que este hombre de paso firme y rápido y de presencia pulcra y sencilla, acabara de matar esa misma tarde a su madre y a otras ocho personas.
49.896,93 pesos Todo había comenzado el día anterior. A eso del mediodía, Delgado se acercó a la oficina del Banco de Bogotá donde tenía su cuenta de ahorros número 4352354, y le informó al empleado de la ventanilla respectiva que venía a saldar la cuenta. Los depósitos ascendían a 49.896,93 pesos. Para redondear la cifra el cajero le entregó en efectivo 49.896.50, pero Delgado exigió de inmediato que le fueran entregados los 43 centavos restantes. Este fue el detalle que permitió que para ese cajero, Delgado se hubiera convertido en el único hombre distinto de los cientos que había atendido ese mismo día.En algún momento esa tarde, o en la mañana del día siguiente, Campo Elías Delgado habría comprado cerca de 500 proyectiles para un revólver calibre 32 largo. Era claro que tenía en mente algo grande y grave. Y el primer capítulo de la historia que habría de protagonizar ese jueves, y que irónicamente sería el último en descubrirse, comenzó a eso de las 2 de la tarde en el apartamento 304 de un edificio de la calle 118 No. 40-11.Según el portero Juan Villamizar, allí llegó Delgado a visitar a Nora Becerra de Rincón, propietaria del apartamento en el que vivía con su madre y buena amiga de ésta. La señora Becerra estaba acompañada de su hija Claudia, de 15 años.Otro hijo de la familia, Julio Eduardo, de 11 años, el jueves a las 9 de la noche regresó a su casa pero no logró entrar porque nadie le abrió la puerta. Tuvo que dormir esa noche en la portería y muy temprano en la mañana se levantó para entrar al apartamento, utilizando las llaves de seguridad del edificio. Lo primero que vio fue a su madre recostada sobre el sillón de la sala amordazada y maniatada, con cuatro puñaladas en el cuerpo. Luego, en una de las habitaciones, encontró a su hermana Claudia sobre la cama, atada de pies y manos y también amordazada. Tenía 22 cuchilladas en su cuerpo.Nadie podrá saber nunca cómo fueron los últimos momentos de la vida de estas dos mujeres que ingenuamente le habían abierto la puerta, a las 2 de la tarde, a Campo Elías Delgado. Tampoco se sabrá muy bien qué hizo éste después. Lo que está claro es que alrededor de las 4 de la tarde llegó al apartamento en que vivía con su madre, a quien le correspondería el siguiente turno de esta secuencia sangrienta.Se sabe que a doña Rita de Delgado le tocó el primer tiro después de una discusión airada. Y que después de muerta, Campo Elías la envolvió en papel periódico, la roció con gasolina y le prendió fuego. Mientras las llamas invadían la estancia, dejó tranquilamente el apartamento, bajó las escaleras, y con el pretexto de llamar a los bomberos, timbró en el apartamento 301. Las estudiantes Inés Gordi Galat y Nelsy Patricia Cortés le abrieron la puerta, sin saber que su destino inmediato sería un tiro en la cabeza.Después se dirigió al apartamento 302, cuya puerta ya había sido abierta por la profesora Gloria Isabel Agudelo León, de 50 años, quien salía en ese momento para averiguar dónde se habían producido los disparos. Delgado la mató, era la sexta víctima.Luego bajó al primer piso, y en el apartamento 101 tocó el timbre. Matilde Rocío González, de 23 años, y Mercedes Gamboa, de 20, quienes se encontraban estudiando para un examen final que debían presentar el viernes en la universidad, corrieron la misma suerte que las anteriores. Salvo que, al parecer, Delgado les dio un poco más de tiempo. Todo indica que, con la excusa del incendio del apartamento del cuarto piso, también les pidió prestado el teléfono. Matilde alcanzó a descolgar la bocina, pero antes de marcar el número la mató. En ese apartamento, Delgado también hirió de muerte a otra estudiante, María Claudia Bermúdez Durán, quien falleció horas después en el Hospital San José.Caía la tarde cuando Campo Elías Delgado dejó por última vez su edificio, al tiempo que la señora Blanca Agudelo de González, familiar de la profesora del 302, llegaba. “Era extraño cómo ese señor se quedó sorprendido unos minutos mirando el cartel de la obra de García Lorca, `Bodas de sangre'. Se acercó al borde del andén y creo que se quedó allí como 10 minutos, completamente quieto”, dijo doña Blanca a los periodistas que la entrevistaron esa misma noche. Luego Delgado le dio la espalda al afiche y se perdió por la calle 58.La señora Berta Gómez, quien vivía con las estudiantes en el apartamento 101 y había logrado salvar su vida saltando hacia el patio interior, salió velozmente del edificio y detuvo una patrulla de la Policía, a la que pidió ayuda. Los agentes, según doña Berta, al ver que el cuarto piso se estaba incendiando, le respondieron que este era más bien un caso para los bomberos, y que ellos se encargarían de llamarlos. Es muy posible que si esta patrulla hubiera atendido inmediatamente el caso, Delgado habría podido ser capturado y evitarse el resto de la tragedia.Pero ni la patrulla paró ni los dos policías militares que ocupaban la caseta de vigilancia de la Dirección de Sanidad del Ejército en la acera de enfrente, reaccionaron. Y a Delgado se le permitió seguir su camino.
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