jueves, 13 de agosto de 2009

HISTORIA DEL CINE COLOMBIANO

La historia del cine colombiano está llena de aventuras y cuentos mágicos, que han sido aportados por los más grandes profesionales y especialistas. Y no es para menos, desde literatos de renombre nacional e internacional, quienes han plasmado en guiones y libretos aquellos secretos y misterios que rodean a las diferentes culturas y costumbres de Colombia y dejado en la mente y el recuerdo cada epopeya, historia, cuento, narrativa de personajes y hechos que han forjado la propia historia nacional.
Cuando se dió a conocer la primera película en Colombia llamada "María" en 1922, dirigida por Máximo Calvo Olmedo y Alfredo Del Diestro, la cual contó por primera vez la romántica y cálida novela del maravilloso mundo de amor e ilusiones vivida por Efraín y María en la finca "El Paraíso" (Valle del Cauca) y cuya novela se llama "La María" de Jorge Isaacs, en la década de los años diez del siglo XX , fue entonces que se proyectaron las primeras imágenes de ese mundo mágico y soñador a través de un proyector cinematográfico.
El cine en Colombia, como en otros países americanos, ha sido una empresa de quijotes. Primero fueron los camarógrafos europeos que retrataban imágenes exóticas para sus productoras y para la exhibición nacional, luego las pequeñas empresas que soñaron con poder levantar industrias sin dinero, sin técnicos especializados, sin apoyo gubernamental, sin canales de distribución y sin el interés de los exhibidores.
Cuando las empresas desaparecieron y empezó el olvido, algunos artistas locos emprendieron su lucha contra los molinos. Los quijotes han quedado casi tan desnudos como en sus primeros días. La mayoría ha decidido renunciar a la lucha o luchar de otra manera desde la televisión, algunos siguen siendo ellos mismos en el video (en el que se muestra o en el que pasa de mano en mano) y unos pocos, que del pasado conservaron su suerte y nombre o que son los herederos e alguna fortuna, siguen haciendo cine y la más vital y bella de las memorias permanece.
Aunque algunos pretendan borrarlo de mapas y recuerdos, lo auténticamente americano ha sido la pluralidad cultural. Colombia, en una de las esquinas del continente, es representativa de esa verdad: conquistadores, colonos, comerciantes, inmigrantes, esclavos y pueblos sometidos se han encontrado en el mestizaje o en un territorio común.
Las primeras filmaciones del país exhibieron esta realidad a través de un proceso que llevó de la posición blanca (del mestizo capitalino, más euro céntrico que americano, para quien Bogotá era un embrión de París y el resto de la nación un mundo exótico, como es el caso de Vistas, de la Compañía Cronofónica, 1907) a la del criollo, no del todo consciente de ser también negroide, que intentó recuperar la tradición literaria y las realidades del país (v.g. María, de Máximo Calvo). Coordenadas: una Costa Atlántica, una arteria (el río Magdalena), una capital. En ambos casos, la geografía virtual de Colombia tenía las mismas provincias que luchaban por hacer valer una historia propia: el Valle del Cauca y Antioquia.
De manera afortunada, gracias a la divulgación de la educación académica y popular, a la creación de los canales regionales de televisión y la popularización del video, ese boceto cartográfico se ha hecho cada vez más cercano a las verdades del país: la complejidad y profundidad de la vistas sobre los lugares mencionados ha aumentado y a la lista se han sumado de una u otra manera todas las regiones de Colombia.