jueves, 15 de octubre de 2009

ENTREVISTA " UN CAFE CON MENDOZA "

La fatalidad y la demencia se cruzan en el relato ágil y vibrante de Mario Mendoza. Satanás es una novela posesiva, valga la paradoja. De esas en las que el lector pierde la razón y se ve obligado a robarles tiempo a sus horas laborales y familiares para poder liberarse de ese terrible pero emocionante demonio.La novela de Mario Mendoza, premio Biblioteca Breve, se mueve entre la frontera de la ficción y el documento periodístico no da respiro, es vertiginoso. Su autor duró 15 años masticando esta historia y eso se nota. La arquitectura de su historia es sólida. Tal vez se demoró porque en un comienzo fue solo una casualidad del destino.El escritor bogotano construye su historia a partir de tres de las víctimas de la matanza. Andrés, un pintor de mediano éxito que sufre de extraños trances; Ernesto, un sacerdote en crisis con sus votos sagrados, y María, una joven delincuente, con ánimo de reformarse. Esta es la parte literaria. Son personajes construidos con retazos de la realidad colombiana. Representan la suma de la Bogotá diversa y enredada. Una ciudad en la que los estratos se cruzan y los seres humanos están condenados por la fatalidad. Andrés, el pintor visionario, no atiende los avisos de la providencia y marcha resignado al patíbulo. Los que vivieron o conocieron en su momento la matanza de Pozetto tienen una desventaja frente al resto de lectores: conocen el desenlace. Los miembros del jurado que la premió, no tenían la menor idea de quién era Campo Elías, pero los colombianos sí, y esto último excita una curiosidad morbosa que vuelve al libro adictivo. Mendoza recupera un episodio atípico en la historia de violencia en Colombia. Un hecho que todo el mundo esperaría que ocurriera en un restaurante de Austin, Texas, o Boca Ratón, pero nunca en Colombia, a donde la Guerra del Vietnam solo llegaba por el cine y la televisión.
Quién es Satán? -Satán es legión. El problema es que tanto el Estado como la Iglesia necesitan la identidad de la unidad para poder juzgar. No puedes llegar al cielo y decir: "Yo soy siete". Y en la tierra un asesino con triple personalidad no puede ser juzgado. La unidad es un discurso de poder. -...Al que el múltiple Satán escapa. -Una rata nunca está sola. Los animales viven en bandadas, piaras, cardúmenes, jaurías. Belcebú es el señor de las moscas, el que está en todas partes y que es muchos. Tenemos pánico a aceptar esa multiplicidad. -Pero está en nosotros. -Sí, cada persona está atravesada por fuerzas oscuras que pueden encarnarse en cualquier momento. Eso es el mal. -Usted lo ha vivido de cerca. -Sí, pude ver de muy cerca del rostro de Satanás, capaz de asesinar a 29 personas. Fuimos compañeros de universidad. -¿Amigos? -Intercambiábamos libros para nuestros doctorados. Compartimos tardes muy intensas. Llegamos a reírnos juntos y a tomarnos una cerveza frente a la universidad. Así acabó surgiendo la empatía que culminaría con la masacre. Yo estuve con él la tarde antes. -¿Quiénes eran ustedes entonces? -Él era un hombre de cuarenta y tantos, un profesor de inglés excombatiente de Vietnam, héroe de guerra. Yo era un universitario de 23 años con aspiraciones literarias. -¿Qué ocurrió? -Es un día soleado. Campo Elías Delgado va a casa de una de sus alumnas y la abre en canal a ella y a su madre. Luego va a la universidad a buscarme pero no me encuentra. -¿Qué debía querer? -Supongo que quería conversar, desahogarse. Se va entonces al apartamento que comparte con su madre. La asesina y la quema como a un bonzo. Con el pretexto del incendio va llamando a las puertas para pedir ayuda y asesina a las vecinas que le abren. Seis en total. Sale a la calle y ve un letrero: "Bodas de sangre" de García Lorca, y se queda absorto contemplándolo 10 minutos. -¡¡Estaba como una regadera!! -Se va a cenar a una conocida pizzería de Bogotá y pide unos espagueti a la boloñesa. Cuando termina de cenar se mete en el baño, se pone un cinturón ribeteado de balas y se convierte en un ángel exterminador. Comienza el apocalipsis: asesina a veinte personas indiscriminadamente. -¿Y usted qué? -Me quedo aterrado. Yo había publicado dos o tres cuentos, así que intento escribir sobre él, pero la historia falla. Lo vuelvo a intentar dos años después y vuelve a fallar. Tuve que esperar 16 años hasta adquirir la suficiente madurez para afrontarla. -¿Qué tenía de especial esa historia? -Nada, era una crónica más hasta el día que leí las conclusiones del psiquiatra Luis Carlos Restrepo, que decía que Campo Elías no había asesinado a causa del síndrome del veterano, sino que fue a la guerra de Vietnam porque era un asesino. Como casi todos los asesinos múltiples, Campo Elías entró en el restaurante con un libro en el bolsillo. -¿Cuál era el título? -"Doctor Jekyll y Mister Hyde" de Stevenson. La clave de sus asesinatos está en el libro, el problema estaba en su dualidad. -¿Usted la intuyó? -No, era un hombre interesante, culto, decente, educado, agudo, un lector perspicaz con el que compartí gustos e inclinaciones literarias. Años después todo eso hizo que me preguntara por qué nos parecíamos tanto. -Me está usted asustando. -El crimen fue llevado a cabo ante todo por un lector. Creo que le sucedió un devenir literario: la transformación de un individuo en los personajes que lee y le apasionan. Su crimen fue una manera de contarse. -No acabo de entenderlo. -Un individuo que no siente identificación con sus congéneres está más cercano a los personajes de ficción: éstos se van volviendo sus amigos, sus guías. -Y usted, ¿ha descendido a los infiernos? -Sí, mis últimas novelas tratan de la falta de esperanza, de la angustia contemporánea. "Scorpio City" habla de los grupos de exterminio de Bogotá que asesinaron en una calle de cien metros a más de 175 personas. -Le gustan a usted los récords. -Me inquietó esa cifra y fui a la calle del Cartucho a investigar. Allí duermen durante la noche recicladores de basura, nómadas y vagabundos. Una noche cualquiera grupos paraestatales fueron a asesinarlos. -¡¿Pero por qué?! -Porque la asepsia es quizá una de las fases del mundo "light", limpio, casto y puro del capitalismo salvaje. El primer mundo no quiere ver miserables ni pordioseros. -¿Y qué recuerda de aquella gente? -Una frase: "Nosotros somos invisibles". Y es cierto: no aparecen en el sistema, no tienen DNI, ni recibos, ni domicilio. Son gente no detectada por el sistema y por eso los persiguen. Son hordas de vagabundos que recorren la ciudad como tribus primitivas. -¿Cuál es el enemigo de Satán? -La capacidad de conmoverse. -Pero aun así ve a Satán en usted, en mí... -Una de las grandes lecciones de la vida es aprender a convertir nuestras fuerzas negativas en positivas, porque la mayoría tenemos un exceso de fuerza que se revuelve contra nosotros mismos por no saber expresarla. -¿Alguna noche le visita Campo Elías? -Me visitó durante 16 años ininterrumpidamente hasta que escribí la historia y me lo saqué de encima. Ahora vive en un libro.

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